viernes, 8 de febrero de 2013

El poder de la Fe por Gonzalo Gallo


"Cuando un enfermo cree que se siente mejor, se dan cambios a nivel neurobiológico."

Cuando un enfermo cree que se siente mejor, se dan cambios a nivel neurobiológico. “La creencia positiva cambia algo en el cerebro de la persona”, según el científico Fabrizio Benedetti, profesor de neurociencia en la Universidad de Turín. Por años, ha estudiado el tema de las creencias y del efecto placebo en los seres humanos. “Si esperas que algo te va a aliviar el dolor, liberas opiáceos endógenos, si esperas una mejora en tu movilidad, liberas dopamina, otro neurotransmisor”, afirma. La actitud positiva y esperanzada es vital porque cambia tu actitud, ayuda a sanarse e influye en el cuerpo y sus órganos.

De acuerdo con un estudio de la Universidad de Michigan, el efecto placebo o de la creencia es real. Solo pensar que un fármaco alivia el dolor, puede ser suficiente para liberar el ‘analgésico’ natural del cuerpo: las endorfinas. “Vimos como el sistema de endorfinas se activaba en las zonas cerebrales relacionadas con el dolor. La actividad aumenta cuando se le dice a un paciente que está recibiendo un analgésico, aunque no sea verdad”.

Así lo expresó Jon-Kar Zubieta, profesor de radiología de la universidad. Tú eres lo que crees, lo que piensas y lo que sientes. Sucumbes y te hundes siendo pesimista o te superas con el poder de la fe y la esperanza. Cuando solo tenía seis años, el gran artista Miguel Ángel perdió a su madre, y también su hogar. A los 9 años Juan Sebastián Bach era huérfano de madre, y a los 10 también de su padre. A los dos años de edad, Charles Chaplin, se quedó sin papá, ya que este lo abandonó, fue un huérfano de padre vivo. En seis meses, el pintor español Murillo perdió a su madre y a su padre cuando solo tenía nueve años. Los ejemplos son muchos, pero estos son suficientes para entender que siempre hay salidas. Esa dura orfandad no frenó los sueños de esos seres ni les impidió brillar y dejar una buena huella. Ellos no se sentaron a llorar toda la vida ni asumieron el ingrato papel de víctimas, confiaron y se sobrepusieron como lo puedes hacer tú cuando afrontas serias penalidades.

En junio de 1990, Joanne Rowling viajaba en un tren –demorado cuatro horas– de Mánchester a Londres. Entonces, surgió en su mente, completamente formada, la idea de una escuela de magos. “No sé de dónde provino la idea, pero Harry Potter y todos los personajes y situaciones afloraron en mi cabeza”. En diciembre de ese año, murió su madre tras una batalla de diez años con la esclerosis múltiple. Rowling viajó a Oporto, Portugal, trabajó como profesora de inglés, y en 1992 se casó. En 1993, nació su hija Jessica Isabel, ella se separó y se fue a a Edimburgo, donde su hermana. Todo ese tiempo sufrió mucho debido al proceso con su exmarido, y en 1994 estuvo en depresión y pensó en el suicidio. Confió, insistió y, sin empleo y con serias carencias económicas, completó en 1995 su primera novela en los cafés, mientras Jessica dormía.

Lo que vale nunca es fácil, pero el poder de la fe y la pasión hacen milagros. Eres lo que piensas y lo que crees.

viernes, 11 de enero de 2013

Tu mente es un Imán


Tu mente es un imán

enero 10 de 2013 - 6:46 pm

La mente tiene un poder magnético, ténlo presente y aplica este pensamiento: Cuando creo que puedo, tengo la razón; cuando creo que no puedo, también tengo la razón.
Eres lo que piensas ya que el pensamiento es energía y con esa energía creas tu propia realidad. Sé consciente de lo que declaras, afirmas o decretas ya que eres el profeta de tu propia vida.
Un ganador vive afirmando: Puedo, valgo mucho, soy capaz, me supero, salgo adelante, lo lograré.
Un perdedor decreta en la oscuridad, fracasa y excusa su falta de fe y entrega en la mala suerte.
Solo estás en la cumbre con palabras positivas, pensamientos animosos y posturas motivadoras.
Para ganar, confía en el poder de la oración y en la fuerza de la acción persistente: ora como si todo dependiera de Dios y, al mismo tiempo, actúa como si todo dependiera de tí. Cree en el poder de una mente positiva y en paz.
El poder magnético de la mente es superlativo y atrae a tu vida mucho de lo que piensas.
Debes tener sumo cuidado con lo que vives afirmando por qué eres el creador de tu destino.
El pesimista vive quejándose, todo lo ve siniestro y tiene un problema para cada solución. Por lo mismo, cada día está peor ya que atrae esa mala suerte que siempre lo acompaña.
Por el contrario, el optimista piensa en lo mejor, mira lo bueno y ve una oportunidad en cada dificultad.
Por eso dijo alguien: mientras los pesimistas se quejan, los optimistas mejoran el mundo.
La mente trabaja mejor cuando no estás muy acelerado, haces pausas, respiras bien, te serenas y repites para tí mismo: adagio, despacio, adagio.
En la melodía de la vida piensas y actúas mejor si andas despacio, sin premura, no siempre prestissimo y a toda velocidad.
Sé parte de la corriente Slow Life, que nos invita a controlar la mente y dejar un ritmo frenético que estresa y enferma.
Como en un concierto barroco, armoniza lo rápido con lo lento, adagio, calma, detente y relájate, deja las carreras desaforadas porque te pasan factura y te pierdes lo mejor de la vida.
Silencia a veces la mente y desconéctate porque vivir conectado te torna intenso y no rindes igual.
El silencio exterior e interior te sirven para aquietarte, sintonizar con Dios o los ángeles y ponerle un freno a la ambición.
El afán por poseer es letal, provoca infartos y rompe relaciones. Calma, adagio, despacio, adagio.
No caigas en la trampa de olvidar lo esencial seducido por lo que brilla, crees que la única realidad es lo material y te pierdes de disfrutar de otra realidad mucho más hermosa.
Cuando el negocio es conveniente, dejas de ver al portero que te abrió la puerta.
Cuando la cita es primordial, no observas a la secretaria que te dio la oportunidad de la cita.
Cuando el trabajo es importante, te olvidas que hay una esposa o un hijo a quienes decir: te amo, te extraño, te necesito.
Haz cambios en tu mente y tu alma y disfruta la vida más allá de lo material. Sabio no es el que sabe, sabio es el que practica.
Gonzalo Gallo González
Escritor – Conferencista