Suelen
ser diferentes los epítetos con los cuales se intenta llamar a esta potencia
cósmica presente en todos los seres vivos. Desde fuerza ódica pasando por bioplasma,
hasta en la actualidad se le designa con el nombre de bioenergética. Sin
importar la designación nominal, lo realmente importante, es que gradualmente,
el ser humano ha tomado conciencia de esta energía y la está utilizando en su
vida diaria para obtener salud y bienestar.
Dada
la gran cantidad de conflictos internos y externos el ser humano ha bloqueado
el contacto con dicha energía vital, y
por sus centros energéticos (Chakras) la energía circula con dificultad. La
espiritualidad facilita el desbloqueo de los centros energéticos y propicia armonía. Con la práctica diaria
del Reiki la energía fluye en nuestros cuerpos y se mantiene la vitalidad, el
vigor y una sensación de plenitud, de satisfacción y de conexión con la
divinidad.
Con
la práctica asidua del Reiki realizamos una contribución energética
significativa a nuestros cuerpos materiales e inmateriales y el aumentar la
energía suscita en nuestro entorno sanación, amor y tranquilidad.
La
energía vital universal ha sido utilizada por diferentes civilizaciones para la
sanación mediante la imposición de las manos. Existen registros donde se afirma
que tanto comunidades egipcias, como comunidades africanas practicaban esta
técnica, arrojando muy buenos resultados. Asimismo, existen diferentes
apartados en las sagradas escrituras donde se presenta al Maestro Jesús como un
sanador con mucha experiencia[1],
seguramente, Jesús hacia uso hábil de la energía vital universal, Jesús fue un
sanador pránico, un reikista.
¿Qué ES EL REIKI?
Es una técnica milenaria efectiva de sanación natural por imposición de manos,
redescubierta en el siglo XIX por un monje cristiano de origen japonés de
nombre Mikao Usui. En Reiki se trabaja directamente con el campo energético del
paciente, sintonizando la energía del individuo con la energía amorosa y
todopoderosa del universo.
[1] Así Cristo Jesús imponía las
manos sobre los niños, orando por ellos (Mt 19,13-15) En los textos paralelos se dice que la gente le
presentaba los niños "para que los
tocara", y él "abrazaba a los niños y los bendecía imponiendo las manos sobre ellos" (Mc 10,13-16): la
imposición era, pues, también contacto
fisco. La despedida de Jesús, en su Ascensión, se expresa también con el mismo gesto: "alzando sus
manos, los bendijo" (Lc 24,50). Es una expresión que muy frecuentemente va
unida a la idea y a la realidad de una
curación. Jairo pide a Jesús: "mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para
que se cure y viva" (Mc 5,23). Le
presentan al sordomudo de la Decápolis "y le ruegan que imponga sus manos sobre él" (Mc 7,32), y
asimismo al ciego de Betsaida: "le
impuso las manos y le preguntó... después le volvió a poner las manos en los ojos y comenzó a ver
perfectamente" (Mc 8,23-25).
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