sábado, 17 de noviembre de 2012

Jesús: Maestro de Reiki


Suelen ser diferentes los epítetos con los cuales se intenta llamar a esta potencia cósmica presente en todos los seres vivos. Desde fuerza ódica pasando por bioplasma, hasta en la actualidad se le designa con el nombre de bioenergética. Sin importar la designación nominal, lo realmente importante, es que gradualmente, el ser humano ha tomado conciencia de esta energía y la está utilizando en su vida diaria para obtener salud y bienestar.

Dada la gran cantidad de conflictos internos y externos el ser humano ha bloqueado el contacto con dicha energía vital,  y por sus centros energéticos (Chakras) la energía circula con dificultad. La espiritualidad facilita el desbloqueo de los centros energéticos  y propicia armonía. Con la práctica diaria del Reiki la energía fluye en nuestros cuerpos y se mantiene la vitalidad, el vigor y una sensación de plenitud, de satisfacción y de conexión con la divinidad.
Con la práctica asidua del Reiki realizamos una contribución energética significativa a nuestros cuerpos materiales e inmateriales y el aumentar la energía suscita en nuestro entorno sanación, amor y tranquilidad.
La energía vital universal ha sido utilizada por diferentes civilizaciones para la sanación mediante la imposición de las manos. Existen registros donde se afirma que tanto comunidades egipcias, como comunidades africanas practicaban esta técnica, arrojando muy buenos resultados. Asimismo, existen diferentes apartados en las sagradas escrituras donde se presenta al Maestro Jesús como un sanador con mucha experiencia[1], seguramente, Jesús hacia uso hábil de la energía vital universal, Jesús fue un sanador pránico, un reikista.

¿Qué ES EL REIKI? Es una técnica milenaria efectiva de sanación natural por imposición de manos, redescubierta en el siglo XIX por un monje cristiano de origen japonés de nombre Mikao Usui. En Reiki se trabaja directamente con el campo energético del paciente, sintonizando la energía del individuo con la energía amorosa y todopoderosa del universo.



[1] Así Cristo Jesús  imponía las manos sobre los niños, orando por ellos (Mt 19,13-15) En los  textos paralelos se dice que la gente le presentaba los niños "para que  los tocara", y él "abrazaba a los niños y los bendecía imponiendo las  manos sobre ellos" (Mc 10,13-16): la imposición era, pues, también  contacto fisco. La despedida de Jesús, en su Ascensión, se expresa  también con el mismo gesto: "alzando sus manos, los bendijo" (Lc 24,50). Es una expresión que muy frecuentemente va unida a la idea y a la  realidad de una curación. Jairo pide a Jesús: "mi hija está a punto de  morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se cure y viva" (Mc  5,23). Le presentan al sordomudo de la Decápolis "y le ruegan que  imponga sus manos sobre él" (Mc 7,32), y asimismo al ciego de Betsaida:  "le impuso las manos y le preguntó... después le volvió a poner las manos  en los ojos y comenzó a ver perfectamente" (Mc 8,23-25).

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