REFLEXIONES SOBRE EL ÉXITO DE GONZALO GALLO
Las ansias de poder, status y
dinero pueden llevarte a obtener ganancias pírricas, es decir, a ganar muy poco
y perder mucho, algo que en sicología se denomina ‘ganancias secundarias’, y
que sufren los que se dejan obnubilar por lo que reluce con una ambición
desmedida.
‘Ganancias secundarias’ es
obtener poco y sacrificar demasiado, es jugar al vivo y terminar de bobo, como
puede pasar en las bolsas de valores o la política. También le pasa eso al
masoquista que soporta maltratos y se contenta con migajas de afecto, porque no
se quiere. De esto habló hace siglos el filósofo Epicteto, quien alcanzó más
reconocimiento que el que tuvo el mismo Platón. Con su vida enseñó que la
felicidad solo se disfruta actuando de modo correcto y con una actitud de
serena aceptación.
Según este gran sabio, hay que
distinguir entre los bienes verdaderos y los aparentes. Decía: aprende a
reconocer qué es lo que puedes cambiar y cuándo ganas sin perder”. De Epicteto
y no de Francisco Maturana es un pensamiento, que si se enuncia completo reza
así y es cierto: “a veces cuando ganas, pierdes; a veces cuando pierdes,
ganas”. Hay ‘ganancias secundarias’ cuando obtienes poco y sacrificas mucho.
Por eso, actúa con sabiduría y sé consciente de todo lo que puedes perder
cuando la ambición te ciega y te impulsa a atraer algo sin discernimiento con
resultados desastrosos.
De unos años para acá se ha
hablado mucho de la ley de atracción, incluso de un modo irresponsable. Es
cierto que la mente es poderosa y atrae muchas cosas, pero no siempre atrae
todo lo que piensas ni lo que te conviene.
En efecto, existe una ley de
correspondencia y por eso solo atraes lo que en verdad mereces. Sí, únicamente
disfrutas lo que te has ganado honestamente, porque así se cumple la justicia
del universo. Por lo mismo, cuando obtienes algo por las malas, con el tiempo
lo pierdes, fácil te llega y fácil se va. Si crees que te mereces más, estás
equivocado, porque la vida siempre nos da según lo que sembramos. De hecho, esa
es otra ley espiritual, la de la siembra, de recoger lo que tú has trabajado.
El inconsciente pretende burlarse de ella, pero tarde o temprano termina
enredado porque obra sin amor y con ruindad.
Dicen que así respondió Mahatma
Gandhi cuando le preguntaron: ¿cuáles actos destruyen al ser humano? “La
política sin principios, el placer sin compromiso, la riqueza sin trabajo, el
conocimiento sin amor, los negocios sin moral, la ciencia sin humanidad y la
oración sin caridad”. Dudo que este texto en verdad sea de Gandhi,
pero tiene sapiencia y sirve para una buena reflexión. Asimílalo y busca que
tus actos estén iluminados por una buena consciencia y reflejen coherencia. Así
enseñaba Lao Tse: “ceder a la codicia es el peor de los errores, no poner
límites da origen a muchas cosas nefastas. Es una gran insensatez empecinarse
en adquirir más y más, el que sabe decir ‘ya es bastante’ está siempre
contento”. El ‘triunfo’ de algunos termina siendo su peor fracaso.
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